Los contratos con cláusulas "antimaternidad" son la punta del iceberg de los problemas que enfrentan las deportistas.
¿Cuál es la relación entre la maternidad y el deporte de élite?
Posiblemente haya que hablar en plural, de relaciones, tantas como mujeres
deportistas que fueron madres. Su experiencia: algunas hicieron parones largos
antes de reincorporarse a la competición, otras no consiguieron volver, otras
forzaron la máquina (sus cuerpos) para procurar no perder el hueco en la élite
que se habían ganado, y un último grupo está en ello, batallando para conseguir
volver a competir este año.
La discriminación de las
deportistas-madres como “potenciales trabajadoras” aunque no siempre son
consideradas como tales. En el ámbito del deporte femenino profesional en
España, la ausencia de ligas profesionales y de convenios colectivos, así como
el escaso número de contratos (se carece de estadísticas oficiales, pero en
todo caso parece ser que no son más del 5% en las ligas más destacadas:
baloncesto y fútbol) colocan a la mujer que pretende ser madre en una situación
nada propicia, pues se ve desprovista de la protección y garantías que
asistirían a cualquier trabajadora. Muchas veces,
cuando existe relación contractual se incluye una cláusula de rescisión en el
caso de que la deportista quede embarazada, aunque se disfrace de “mutuo
acuerdo”. También a veces el embarazo modifica la relación laboral. Así, la
Liga Profesional de Baloncesto lo califica de 'anormal rendimiento', mientras
que en el caso del tenis profesional, hay un caso reciente, el de Serena
Williams, en el que se considera su maternidad como una 'lesión', con los
efectos derivados como la falta de cobertura social y asistencial.
Historias de deportistas.
María Jesús Alegre (Madrid, 1957) es en muchos sentidos una
pionera. Bronce en el Campeonato Mundial de Gimnasia de Madrid de 1975 y
campeona absoluta de España en 1976 y 1977. En 1978, con 20 años, en un
descanso de la preparación del Europeo de 1978, se quedó embarazada. Los
efectos secundarios de la píldora anticonceptiva, como el aumento de peso, le
impedían tomarla. Tuvo que dejar el deporte en un momento en que era la
capitana del equipo nacional de gimnasia rítmica y en las vísperas de una
competición importante en la que sería la estrella. Fue traumático, dice, tanto
para ella como para la familia y para la Federación. Para esta última, porque
se les iba la figura principal. Para ella, porque cortaba su carrera deportiva.
A los 19 años, su vida era el deporte.
Foto: Marca.
María Jesús Alegre, durante el Campeonato del Mundo de gimnasia artística que se celebró en Madrid en noviembre de 1975 Ganaría cuatro medallas, entre ellas el bronce en la general.
En su casa, la noticia también cayó
como una bomba. “Era muy joven, ahora las maternidades no son a los veinte años
y la vida de las mujeres es diferente. Además, era una época muy especial y un
deporte también muy especial, con chicas muy jóvenes y muy poco
profesionalizado”, explica Alegre, para quien lo más doloroso fue que en los
periódicos apareciera que la número uno del equipo dejaba el deporte por “un
problema gordo”, sin precisar que era por un embarazo. “Yo no estaba
avergonzada, ni mucho menos, lo asumí con total normalidad”, añade. Se casó y
se fue a vivir a Aranjuez (donde ahora trabaja como entrenadora en la Escuela
Municipal) y, de manera libre y consensuada con su marido, decidió que era
inviable continuar en el equipo nacional a plena dedicación.
Tras ser madre decidió volver a la
gimnasia (dio a luz en marzo y volvió en noviembre). pero por su cuenta, y
llegó a participar en el Campeonato de España de 1978. La puntuaron mal. “Me
penalizaron por usar un maillot que decían era inapropiado, aunque ya lo había
usado antes”, rememora. En su opinión, lo que la castigó fue presentarse por su
cuenta. No disfrutó de esa fugaz vuelta a la alta competición y la experiencia
le quitó el gusanillo de volver a la élite deportiva para siempre.
Vanessa Veiga (Pontevedra, 1979) es corredora de larga
distancia y madre de familia numerosa. Debutó en el año 1998 y cuando en 2003
se casó con el también deportista Julio Rey, decidió aparcar el atletismo.
“Como mi marido estaba en su mejor momento y uno de los dos se tenía que hacer
cargo de los hijos, acordamos que fuera yo la que dejara mi carrera deportiva”,
recuerda. Pero lo hizo de manera temporal: fue madre por primera vez a los 25
años y volvió a la competición a los 31 años, la edad correcta, afirma, para el
atletismo de larga distancia. Regresó al deporte profesional en el año 2010,
cuando compitió en el Campeonato de España de Atletismo, después en la Copa de
Europa y a continuación se clasificó para ir a los Juegos Olímpicos de Londres
de 2012.
Foto: Facebook Vanessa Veiga.
No se arrepiente del parón, aunque se
extendiera sobre unos años importantes en la vida de una deportista. “El éxito
profesional no me hubiera compensado. Lo que me ha gustado ha sido compartir
mis triunfos deportivos con mis hijos, combinar mi faceta de madre con la de mujer
de éxito. Soy una madre joven, he sido siempre consciente de lo que he hecho,
no creo que haya sido una equivocación. Mi meta en la vida era ser madre y esto
nunca lo vi como una limitación, al contrario”, reflexiona Veiga. “He tenido
suerte: se me ha valorado todo lo que he hecho”, concluye.
Nuria Fernández (1976). Atleta que cuando decidió ser madre, en 2007,
estaba en la élite y, según relata, sintió una cierta presión por parte de su
entorno, entrenador incluido, que le recomendaban esperar un poco para estirar
su carrera deportiva porque en aquel momento no había nadie que después de
haber sido madre hubiera vuelto a la alta competición. De hecho, de ahí venía
la presión de plantear una vida a contracorriente. También desde el punto de
vista económico su decisión tuvo consecuencias: le congelaron la beca, aunque
le prometieron que se la volverían a dar en caso de que regresara a la
competición. Mientras, su patrocinador se quedó en stand-by.
Foto: Somos Atletismo.
Fernández afirma que lo que las mujeres
necesitan es que se confíe en ellas y que eso se demuestra con los hechos: que
no les quiten las ayudas, incluso que se las amplíen, que transmitan
tranquilidad y que no se retiren los patrocinadores. “Si lo pienso con la
cabeza y también con el bolsillo, no hubiera sido madre, pero yo quería serlo”.
Y esa misma convicción mostró para volver al deporte después. De hecho, tuvo
demasiada prisa por hacerlo y reconoce que fue “muy radical”, no respetó la
cuarentena y dejó de dar el pecho “demasiado pronto”. “Pero es que se trataba
de un sendero que nadie antes había recorrido”, afirma. “No hemos tenido
referencias, pero ahora mis hijas sí las tienen”, añade. Después de ser madre,
Fernández tuvo enormes éxitos deportivos: en 2010 fue campeona de Europa en los
1.500 metros; en 2011 y 2012, subcampeona de Europa, “He roto la barrera de ser
madre y volver a la alta competición; ahora quiero romper la barrera de la
edad: me estaban retirando desde los 33 años y aquí sigo. Es una lucha
continua”, concluye.
Blanca Manchón (Sevilla, 1987) hace windsurf y fue
campeona mundial por sexta vez en 2017, siete meses después de ser madre. No
contó con patrocinadores –los perdió al poco de comunicar su embarazo– y tuvo
que pagarse ella misma su viaje para competir. Con amargura cuenta las
consecuencias que tuvo para ella ser madre: “empezar de cero sin ningún tipo de
ayuda ni de federación, de patrocinador, ni de nada, sólo de mi familia. Y como
el contrato no hacía referencia a la maternidad, no pude hacer nada.
Simplemente no me renovaron o se hicieron los locos”. “Ahora mismo en España la
maternidad y el deporte de alta competición no están siendo compatibles. Sólo
algunas afortunadas consiguen salir adelante y volver a tener resultados, pero
es muy difícil”, explica.
Foto: El Confidencial.
Manchón también incide en las
dificultades que tiene compatibilizar la maternidad con el deporte de élite,
por el tiempo que exige. ”Ser madre te pone las cosas más complicadas, pero
nada que una buena planificación no pueda solucionar. Con mucho esfuerzo y sacrificio
se pueden compaginar las dos cosas”, dice.
Foto: elcorreoweb.es
Marta Arce (Valladolid, 1977), judoka ciega, ha sido medalla
de plata en los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004 y Pekín 2008 y bronce en los
de Londres de 2012. Ello tras varios oros en campeonatos de Europa y del Mundo.
Arce se retiró justo después de los Juegos de Pekín porque no veía la manera de
compatibilizar la maternidad que planeaba con el deporte. Pero cuando su bebé
tenía seis meses, volvió al entrenamiento para intentar clasificarse para
Londres 2012, donde consiguió subirse al podio. Inmediatamente, se retiró por
edad y también porque tenía muchas lesiones.
Foto: Trainers Paralímpicos - Fundación ONCE.
Sin embargo, hoy Arce, madre de tres
hijos, persiste y está preparándose para intentar participar en los Juegos de
Tokio. Posiblemente, por dos razones: para ver si las mujeres de 40 años pueden
continuar en lo más alto del deporte y también porque ahora no hay judo
femenino para ciegos y hay que rellenar ese hueco. A ella le ha costado
conseguir su sitio en un equipo que era completamente masculino. Arce se erige,
por tanto, en un doble referente como madre de tres hijos y también como
deportista paralímpica.
Diana Martín (Madrid, 1981) fue madre a mediados del
2017 y ya está intentando volver a la alta competición. Dejó el deporte después
de los Juegos Olímpicos de 2016 para ser madre, y así se lo comunicó a su club,
con el que llegó a un acuerdo para poder volver en el caso de que no
consiguiera quedarse embarazada. Su patrocinador, Adidas, no le ha retirado su
apoyo y durante todo este tiempo ha vestido su ropa en redes sociales. Así que
tuvo suerte, tanto con su club como con su patrocinador le fue bien. Después
del parto se tomó seis meses para recuperarse y a partir de ahí empezó a
entrenar progresivamente. A los nueve meses, ya entrenaba dentro de la
normalidad en kilometraje, aunque todavía estaba lejos de los tiempos que
lograba antes del embarazo.
Foto: wangconnection.com
Después de la maternidad ha cambiado
su especialidad. Ya no corre los 3.000 metros obstáculos, una disciplina muy
dura y agresiva que lleva consigo lesiones importantes. Ahora quiere
hacer larga distancia, menos exigente para el cuerpo y más acorde con su edad
(37 años). Ella espera alcanzar el nivel que tenía previamente. Pero hay algo
que, según sus propias palabras, le ha resultado doloroso: que la maternidad se
trate como una lesión, que no haya seguro médico que lo cubra, que en el
deporte no existan las bajas maternales. Ahora, en ese crítico momento en el
que lucha por volver al deporte de élite, Martín afirma: “Si no consigo volver
a competir, no va a ser por el bebé, porque me da un plus de alegría y de
fuerza. Si no vuelvo es porque no he encontrado la motivación suficiente para
entrenar”, concluye.
Thais Escolar (Valencia, 1990) abandonó la gimnasia
artística en el verano de 2007 antes de los Mundiales clasificatorios para los
Juegos Olímpicos de Pekín. No fue porque quisiera ser madre, sino por otros
motivos. Quizás por la gran presión a la que se veía sometida a su tempranísima
edad. Justo a continuación, se quedó embarazada. Fue madre en septiembre de
2008 y volvió al deporte menos de un año después y consiguió una plaza para
participar en los Mundiales de gimnasia artística. Para ella, esos dos años
fuera de la competición fueron como haber estado un mes de vacaciones: su
condición física seguía siendo extraordinaria. “El cuerpo tiene memoria”,
ratifica.
Foto: getty images.
Un año después, una lesión de rodilla
la apartó definitivamente del deporte de élite y ahora es entrenadora. Aunque
ella no dejó el deporte para ser madre, aunque consiguió volver a la élite
después de su embarazo, su experiencia le dice que las deportistas de alto
nivel se lo tienen que pensar muy bien antes de dar el paso, sobre todo por
cuestiones económicas: qué va a pasar con la beca, con los patrocinadores y debido
a lo poco que ayuda la federación. Asimismo, cree que resultaría interesante
que, una vez de vuelta en el mundo del deporte, las madres tuvieran más
facilidades para poder llevarse a sus hijos o no sufrir tantas exigencias en
cuanto a los tiempos de concentración. Porque, entre concentración y
competición, Escolar podía llegar a pasar un mes entero fuera de casa y lejos
de los suyos. La conciliación en el deporte es bastante complicada.
Deporte, maternidad y medicina.
El embarazo tiene una serie de
restricciones médicas a la hora de entrenar. Las atletas de élite deben seguir
entrenando pero no igual que antes y deben estar continuamente guiadas y
asesoradas. Por otro lado, tras el parto, es necesario que la atleta respete
una fase inicial de entrenamiento restaurativo antes de volver a la alta
intensidad, ya que de no hacerlo podría acarrear lesiones de suelo pélvico y
otras músculo-esqueléticas”, explica Lidia Romero Gallardo, formadora y
entrenadora personal especialista en embarazo y post-parto. En definitiva, como
señala esta experta, “no se puede forzar la máquina para volver porque podría
hacer que esa máquina se retrase o se pare directamente”. Respecto a la
lactancia, “la leche no se ve afectada por el entrenamiento. Aunque la alta
intensidad podría interrumpir la secreción de la misma”, añade.
Yolanda Puentes, especialista en
Medicina Deportiva, indica: “No es lo mismo competir que entrenar. Las
deportistas de élite pueden entrenar con precaución incluso durante el segundo
trimestre. La tendencia ahora es que trabajen con pulsómetro, que no sobrepasen
las 140 pulsaciones, que se controlen algunos indicadores. Se podría entrenar
siempre que sea un embarazo sin complicaciones. Competir es más arriesgado.
Creo que ningún médico lo recomendemos”. Puentes añade: “Las mujeres que
compiten suelen ser prudentes a la hora de pensar en quedarse embarazadas.
Sobre todo si están a un nivel muy alto, por miedo a perderlo. Para muchas de
ellas, el deporte es su vida y su trabajo. En un embarazo no sabes cómo va a
ir, te arriesgas a que no vaya bien y debas parar”.
Otra cuestión que llama la atención
es que algunas de estas mujeres muestran cómo antes de ser madres estaban
obsesionadas con el deporte, y cómo la maternidad les ayudó a relativizar,
aumentar y diversificar sus intereses y necesidades. Incluso cómo les llegó a
dar más fuerza, aunque sobre esto haya pocos estudios. Yolanda Puentes explica:
“Cuando empiezan a competir a los pocos meses del parto, las atletas mejoran sus
marcas personales, supongo que por los cambios hormonales. Paula Dadcliffe,
maratoniana, la tenista belga Kim Clijsters, la nadadora Dara Torres, Natalia
Rodríguez o Nuria Fernández, todas mejoraron en las competiciones posteriores a
la maternidad”. “En general, psicológicamente están más fuertes”, asegura
Puentes. Eva Ferrer, especialista en Medicina del Deporte en el Hospital Clínic
Sant Joan de Deu (Barcelona), señala que cada mujer vive su regreso al deporte
de manera diferente y que las prioridades de cada madre son propias.
Lo que tienen que enfrentar las
deportistas es lo que toda mujer: que se les exija más. Respecto al embarazo,
cada decisión supone un precio que se tiene que pagar y responde a un proceso
de socialización y a una institucionalización no muy favorable a las mujeres.
Por eso, Blanco García explica que las mujeres que volvieron a la élite vieron
como fue “a costa de muchísimo esfuerzo y de una importantísima red de apoyo.
Estas mujeres no han estado amparadas por ninguna prima económica
estratosférica, tampoco les han ofrecido ningún 'reality' que siga día a día su
embarazo, recuperación y vuelta a la actividad deportiva”.
¿Qué es lo que ha de cambiar?
Denunciar una situación sirve para
apuntar qué tendría que cambiar. Blanco García declara que empezaría por tres
aspectos: representación, regulación y formación. Representación porque
“tenemos que empezar a visibilizar a mujeres deportistas, con sus luchas
particulares, dificultades, problemas, limitaciones”. También “a las madres
deportistas, sus procesos de superación, recuperación, sensaciones… Tenemos que
vernos, escucharnos y sentirnos representadas por mujeres que luchan cada día”.
Regulación, porque, una vez conocemos la problemática, hay que regularla, abrir
los “agujeros negros legales en los que se han escondido cuestiones que afectan
al deporte femenino y las mujeres deportistas”.
Lourdes Santos Pérez señala que
habrían de asumirse, al menos, tres medidas. En primer lugar, un campo laboral
que dignifique a las mujeres deportistas y las trate como profesionales, no
como trabajo oculto, lo que, en el caso de la maternidad contemplaría el riesgo
en caso de embarazo, la prestación por maternidad, la sustitución, la
reanudación del trabajo y medidas para conciliar la vida familiar y profesional.
En segundo lugar, medidas de acción positiva, como cuotas en las federaciones y
en otros órganos de gobierno, que son plenamente acordes con los valores
inherentes a la práctica deportiva y a la legalidad internacional. Y, por
último, la activación de instrumentos normativos de rango nacional e
internacional que no discriminen y que sirvan como inspiradoras de políticas
públicas. Santos Pérez se refiere a la Ley de Igualdad de 2007, que tiene una
referencia explícita al deporte, y también a las recomendaciones de la
Organización Internacional del Trabajo, que establecen que el embarazo no tiene
que constituir causa justificada para la terminación de la relación laboral.
Por último, Antonia Pelegrín señala
que es importante que haya más representación femenina en cargos de
responsabilidad en federaciones, clubes y centros universitarios de formación,
para a continuación, ocupar más puestos de trabajo en el mercado laboral
deportivo. “Las mujeres españolas han tardado en tener una representación aceptable
en los equipos olímpicos”, termina.
Fuentes: CTXT.
Fuentes: CTXT.







